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Blog de varios temas, periódisticos personales

Breve panorama de la desigualdad en Colombia

En el siguiente documento escribiré un somero panorama de la forma en la que considero que se genera desigualdad en Colombia, basándome en el libro El Precio de la Desigualdad de Joseph Stiglitz. Pasare rápidamente por tres áreas importantes para el desarrollo tales como la educación, los servicios de sanidad y el empleo.

No pretendo hacer la versión colombiana del libro, sino una reflexión por estas áreas de la vida nacional buscando con ejemplos cotidianos y valiéndome de algunos datos o experiencias de vida mostrar como hay desigualdad en nuestra tierra.

Todo indica que el país está cambiando en la manera de relacionarse y la vocación del mismo, mas no la división estratificadora cuya cúspide se hace no solo más estrecha sino más extranjera, en parte porque como dice Stiglitz en su libro: nuestro sistema económico refiriéndose al norteamericano, pero que igual aplica al colombiano, no funciona  para la mayoría de ciudadanos, y que nuestro sistema político ha caído en manos de los intereses económicos. (p. 26)

Empezare con la educación colombiana que por primera vez (2015) en la historia tiene un presupuesto del 3.7 % del PIB más alto que las fuerzas armadas que tiene para este mismo año el 3,4 % del PIB nacional. Inversión en educación que se incrementó en parte seguramente por los resultados en las pruebas PISA publicados en el 2012. Cifra que palidece ante los bolivianos que invierten hasta el 6.4 % del PIB anual. Y pese a que aumento el recurso, eso no significa que lo hará en la calidad de la educación y tampoco en la cobertura educativa, que solo garantiza el ingreso a los estudios en la básica, es decir la primaria y el bachillerato y eso que este derecho solo se hace efectivo en las grandes ciudades.

En Colombia hay un boom por la educación a través  de las TICS, y para eso se compran grandes cantidades de computadores, otro tipo de artefactos y software con licencias costosos y en ninguno de los casos fueron creados en el país, estos aparatos terminan en las ciudades, no en el  campo; pues estos no tienen en muchos casos, ni siquiera energía, tampoco agua potable por si acaso. Bueno y haciendo memoria pocas escuelas y profesores.

Solo en el  software Gal&leo el ministerio de educación se gastó 2018 millones, según el portal La Silla Vacía, sin contar la compra de computadores, instalaciones y otras arandelas de estos proyectos, que claramente se ven enfocados a mejorar un puesto en unas pruebas y no en mejorar cualitativa y cuantitativamente la educación. Como si fuera poco hay otros privados que se están haciendo al negocio de la educación con de calidad, en las zonas más empobrecidas de Colombia desde hace años sin aportes tangibles y notables como lo son Enseña por Colombia y la Iglesia Católica, quienes por medio de algunas fundaciones como la Pia en el Urabá, que prestan sus servicios al Ministerio de educación, para llevar por cobertura e inversiones pobres, evidentes en su infraestructura, a este municipio.

Por el lado de Medellín el caso es similar, hay muchas corporaciones que imparten educación básica en los barrios populares y hasta en el centro de muy mala calidad, desde su infraestructura, docentes y estrategias. Entre ellos La Escuela Empresarial, CEDESIS, Compuestudio y otras que un poco mejores como la Fundación Golondrinas, pero que igual muestran la forma en la que los recursos de la educación básica se queda en los bolsillos de los privados.

Pero hay más de donde mostrar que el presupuesto nacional para la educación en gran parte va a las arcas privadas, captadas bajo figuras de sin ánimo de lucro y entre esos está el transporte en la ciudad de los estudiantes y en los pueblos, veredas y corregimiento.

El mundo de las editoriales también se queda con una buena tajada, ya que son contratadas para crear contenidos impresos que terminan convirtiendo a los educadores en profesores de libros y recetas. Por ahí escuche decir una vez a un estudiante que a ese profesor es solo esconderle el libro para que no de clase. Y en otra ocasión uno decía mientras iba a la biblioteca que no iba a esa clase porque todo lo que el profesor enseñaba estaba en este libro. Señalando un material de ciencias sociales.

Pero aún hay más. Los megacarteles de los refrigerios escolares que la prensa ha hecho visible a comienzos del año 2015 son otro desangradero del presupuesto educativo. Uno de los casos más populares es el de Bogotá donde unos empresarios pretendían quedarse con el contrato de 286 mil millones de pesos de manera fraudulenta. Puede que no se lo hayan adjudicado a ellos pero seguro se lo gano otro privado que saco una jugosa tajada. En Santander y en La Guajira también se han conocido casos de carteles de los refrigerios escolares.

Eh ahí varias formas de como el pobre pero histórico 3,7 % del PIB equivalente a 32,6 billones de pesos invertido para el 2015 es captado por privados.

Pero eso solo es en la educación básica donde se supone que todos los colombianos pueden acceder. Cosa que no es así porque según el periódico El Tiempo en una nota del 31 de enero del 2014 hay un millón de menores no están estudiando.

El panorama en la educación superior que sigue siendo un privilegio para quienes tienen con qué pagar o son más pilos y no un derecho para todos los colombianos, es más desalentador aun en temas de cobertura, calidad y oferta desde el Estado.

En Colombia aún es muy normal que los jóvenes de estrato uno y dos no piensen en la universidad como parte de su futuro inmediato. La opción más cercana y probable es la técnica y no propiamente en el Sena, pues ingresar a ella es cada vez más complejo, pues requiere de algunas condiciones básicas como computador, internet y conocimiento de su uso; y aunque parezca esta una competencia ya dominada no es así; pues aún hay chicos que salen del colegio sin saber ni siquiera escanear un documento o enviar un correo electrónico.

En el tema de cobertura según el Sistema Nacional de Información  de la Educación Superior SNIES en el país hay 32 universidades públicas, una por departamento, mientras que privadas solo en Bogotá hay cerca de 52 y en Medellín 48 según el portal Altillo.com. En ambos casos son más las universidades privadas en estas ciudades que las universidades públicas en toda la nación.

Por su parte la máxima representante de las universidades del país, la Universidad Nacional de Colombia tiene solo ocho sedes a las que pasan según los exámenes los mejores preparados, pero en las competencias de matemáticas, lenguaje y razonamiento lógico. Y esos jóvenes no son exactamente los hijos de los campesinos y de los obreros, por el contrario son chicos jóvenes, muy pilos sí,  pero que además están haciendo otra carrera en una universidad privada.

Estas universidades que además están bajo la figura de fundaciones, lo que implica ser sin ánimo de lucro y  por lo tanto no pagan impuestos tampoco puede garantizar que el estudiante se insertan al “mercado laboral” porque estas fundaciones  no son conocidas, no generan confianza a los empleadores o efectivamente es un garaje y los empresarios que brinda empleos más estables y con mejores condiciones buscan egresados de las  universidades más reconocidas.

Eso sería suficiente para mostrar que la educación en el país está en manos de los privados y lejos de los más empobrecidos. Y pese a todas estas circunstancias hay algunos que hacen esfuerzos épicos y acceden a algunas universidades, entre buenas y malas que les son pagable, pero en su mayorías estas no tiene ni la visión, los estándares, la infraestructura, ni las garantías para asegurarles que realmente aprenderán algo que les sirva para mejorar sus condiciones académicas y la calidad de vida.

La cobertura y la calidad son solo algunas aristas de esta caja de pandora que se desboca sobre la juventud esperanzada en caminos y alternativas que el Gobierno les presenta como alcanzables y sostenibles solo con un poco de compromiso y esfuerzo.

Miremos el caso de las 10 mil becas Ser Pilo Paga, que es realmente un crédito condonable y como todos los cercanos al tema sabemos que los beneficiarios de este, son chicos de familias en condiciones económicas malas. Y la oportunidad no es ni siquiera para los más necesitados pues esos son los desplazados y uno de los requisitos era estar en el Sistema de Potenciales Beneficiarios para programas sociales Sisben. Sistema que maneja base de datos desde sucursales regionales, que no hacen seguimiento a los beneficiarios; entonces muchos de estos estudiantes nómadas, sin techo que logran graduarse con esa inestabilidad no pudieron acceder al crédito porque no aparecía en los computadores de la ciudad en la que terminaron.

Pero hay más. Algunos que ingresaron tuvieron que dejar su familia en sus municipios y enfrentarse a la urbe a la que pocas veces había viajado, con apenas 17 o 18 años; pero digamos que ese es el precio mínimo que debe pagar, lo que no es justo es que les manden con un salario mínimo para que se mantengan todo el semestre. En el caso del Área Metropolitana del Valle de Aburrá y además debe responder por las materias que pierden al finalizar la carrera. ¿Acaso les irán a dar trabajo para que paguen el alto costo de esas materias?  ¿O es que estos chicos además de tener menos recursos económicos no tienen derecho a equivocarse?

Ahí aplicaría lo que dice Josep Stiglitz en su libro El Precio de la Desigualdad: Los ricos no solo están en mejor posición para conseguir puestos buenos sino que están mejor preparados y se pueden dar el lujo de trabajar si pago, (p.128) traído al contexto académico podremos decir que los estudiantes ricos tienen mejor posición, están mejor preparados y se pueden dar el lujo de equivocarse sin perder más que un poco de dinero y no como el pobre que pierde en la materia la beca.

Por más que los estudiantes quieran responder eso simplemente  no será posible y quienes lo intenten corren el riesgo de que sus familias terminen más empobrecidas porque hipotecan o empeñan su patrimonio por responder a tan maravillosa oportunidad.

Un gobierno justo promovería el fortalecimiento de las universidades públicas en los lugares más apartados y con menos desarrollo en lugar de invertir 3,1 billones de pesos en gran parte en universidades privadas, que si bien ellas aportan parte a la beca y otorgan otros servicios no deja de ser una forma poco sostenible de invertir en la educación, sino que además es una manera de quitarle recursos al Estado y de poner en unas manos los dueños de las universidades y los bancos el patrimonio de familias esperanzadas en un gobierno que promueve la paz, la equidad y la educación. En suma la oferta de estudio por parte del gobierno es más que ineficiente y engañosa.

Ciertamente ahora hay más oportunidades de estudio, de desarrollo personal y económico. Pues lo primero no se puede negar aunque tenga miles de trabajas y requisitos, pero los demás supuestos si se pueden negar.

Ahora hay más facilidades para estudiar porque el mero bachillerato no sirve para emplearse con ciertas garantías mínimas, para eso se requerían al menos técnicas, y si no es técnico profesional pues de poco sirve, y de serlo se empleara unos años, porque ahora el mercado laboral demanda un valor agregado: el tecnólogo. Esto almeno si se quieren emplear rápido y sin mucho gasto. A esto se le suma otra problemática del mercantilismo y la división mundial del trabajo y es la saturación del “mercado laboral”. En Medellín por ejemplo hay un hartazgo diseñadores gráficos, asistentes en primera infancia, secretarias, manipuladores de alimentos, estilistas, auxiliares contables y de todas las áreas afines a la publicidad, mercadeo, técnicos en sistemas entre muchos.

O sea si hay mucho para estudiar pero ya hay una sobre oferta que para lo único que sirven es para dar mano  de obra gratis o en el mejor de los casos a bajos costos, sin prestaciones sociales, ni compromiso de vinculación a los capitalistas bajo la figura del practicante. Así pues se garantiza es el ahorro de mucha plata para los empresarios además de una reducción en los impuestos por aportar al desarrollo de los dueños de las empresas mientras el estudiante con todo lo que invirtió sigue en su odisea de buscar trabajo estable con lo que estudio.

Con esta situación en la que el técnico ya queda a la deriva se prueba que estudiar no es suficiente para el desarrollo personal  y menos para el económico. Pero hay más. En muchos casos esta situación termina con dañar las relaciones familiares pues estos esperan que el joven empiece a producir y pocos soportan esos embates culturales del capitalismo, con tanta fecha especial y sin nada que ofrecer, y sin nada nuevo que ponerse y terminan como emprendedores, porque ese nombre también le cabe al que llena un coche de bebe y se va a vender tinto o al que saca un carrito con fritos los fines de semana en su barrio. Otros más temerarios y con menos inteligencia terminan delinquiendo o prostituyéndose. Esos son los monstruos de la caja de pandora que resguarda la educación como mercancía.

Yo no me olvido de los créditos del Icetex, ni del fondo EPM, otras maneras que favorecen el escape de recursos desde abajo hacia arriba y con un poco de obstáculos para acceder a ellos. Como diciendo que solo el que quiere y se esfuerza logra salir de la pobreza que han heredado.

Pero en ninguno de los casos es tan fácil como querer y ser pilo.
Para un crédito del Icetex se necesita un fiador al que se le pueda quitar algo, digo hipotecar. Como si fuera poco tiene invertir mucho tiempo y dinero para sacar el poco de papeles que no nombrare acá porque no va al caso. También debe soportar un servicio pésimo que parece diseñado para desistir. ¿Quién corre con los gastos de todos esos papeles, el transporte y la alimentación mientras el joven no produce? La familia desde luego. Y si le dieron el crédito y si termino la carrera ahora prepárese para hipotecar su sueldo que va al Icetex y de el a las universidades privadas y de ahí a sus dueños que paga menos porcentaje de impuestos que nosotros. Dejemos así el tema educativo y veamos el de sanidad.

La captación del dinero público y de los recursos de los pobres en la salud es más conocido y evidente con el nacimiento de las Empresas Promotoras de Salud EPS con la ley 100 en 1993.

La EPS afilia pero no tiene nada con que prestar su servicio a los pacientes, solo es un administrador o mediador entre clínicas y hospitales que atienden a los usuarios pero no cobran de inmediato sino que la EPS le paga cuando guste.

La mayoría de esos hospitales son públicos y se han visto en graves problemas para pagar a sus plantillas y funcionar óptimamente porque la EPS les maneja la plática. Proceso incensario pero muy conveniente para los ricos, dueños de estas empresas porque pueden trabajar con ese dinero durante años sin pagar impuestos ni intereses, ganando buenas rentas acosta de lo público. Como el caso de Saludcoop

Privatizar es la forma en la que las políticas según Stiglitz en su libro  crearon la desigualdad. (P 52)  Los ricos roban al Estado para su provecho pero también lo hacen con los pacientes negando los servicios, medicamentos y por medio de procesos largos, y enredados donde el usuario opta por pagar mejor un médico privado, se automedica o convierte a cualquier farmaceuta en su doctor de cabecera. El pobre paga dos veces sus servicios: a la EPS y al galeno, además asume el costo de sus medicamentos con tal de ser atendido prontamente.

Pero la élite tiene más formas de hacerse a los recursos públicos y una de esas por medio de los carteles de la salud de los cuales han hecho parte funcionarios públicos de los organismos de control. Uno de los casos más recientes y conocidos fue en el 2011 cuando desangraron los recursos del Fondo de Solidaridad y Garantías, Fosyga por medio de recobros, falsos tratamientos y medicamentos. Y para dicho propósito negaban los servicios a los pacientes y se enbolsillaban el dinero entre unos cuantos. Este saqueo se realizaba desde el año 2005, donde según la revista semana en su portal web los recobros pasaron de 295 millones a 2,4 billones de pesos en el 2010.

Otro caso de un cartel de la salud ocurrió en Bojayá, municipio chocoano donde médicos, empresas de salud, y funcionarios públicos se apoderaron de cerca de 2 mil millones de pesos, valiéndose de documentos falsos que daban cuenta de supuestas brigadas de salud donde se cobran desde refrigerios con precios exorbitantes hasta servicios de transporte con precios irrisorios.

En suma tercerizar y privatizar el servicio de salud, inflar los precios de los medicamentos, negar el servicio, hacer los procesos largos, hacer recobros y hacer más óptimo el servicio en el régimen contributivo son algunas maneras de pasar el dinero público y el privado especialmente de los más pobres a unas cuantas manos particulares.

Pero no solo por la educación y por el sistema de salud se traslada la riqueza de abajo hacia arriba, también pasa por la forma y la calidad del empleo con figuras tan perversas como las agencias de empleo que se quedan con parte de lo que le correspondería al empleado. Una  fea manera de ganar dinero acosta de los menos favorecidos ya que en la mayoría de veces quienes recurren a esas agencias son personas que tienen poca preparación y buscan ocuparse en trabajos poco valorados y mal pagos. A esto hay que añadirle una práctica usual que es descontarles del sueldo las prestaciones sociales y pagarlas sólo algunas veces y así quedarse con su parte.

Y que me dicen de los contratistas ya sea de construcción, alimentos o transporte solo por nombrar algunos que suelen dejar a sus trabajadores mucho más de 8 horas y los 7 días de la semana trabajando para alcanzar o mermar los tiempos de ejecución y así hacerse a una plática extra acosta del más necesitado, porque si uno dice que no pues tendrá una larga cola esperando ser empleado y agradecido de tener la “oportunidad”. Porque conseguir trabajo esta tan difícil. Porque necesita llevar la papa a la casa. El rico empleador además de explotar chantajea y manipula a su pobre trabajador, que lo ve a él como su salvador. Podría seguir con este tema, con la forma en la que la política y los políticos se las arreglan para quitarle al Estado privatizando, como en el caso de UNE, entregando contratos a sus amigos y empobreciendo el país, pero me extendería demasiado en este ejercicio.

Por ultimo conozcamos más sobre el libro en el que me base para escribir.

Joseph Stigliz en su obra El precio de la desigualdad cuenta como Estados Unidos es una de las naciones más desiguales y lo hace dando cifras y mostrando detalles de ciertos casos que ponen en evidencia las tretas de los más ricos por hacerse con los recursos públicos y el de los más pobres. Algo similar siento que pasa en Colombia donde al igual que en el país del Tío Sam la mayoría de los más ricos buscan a toda costa por medio del sistema político, financiero, de sanidad, educativo, jurídico entre otros y al final propone algunas reformas para disminuir la desigualdad y según él ganar todos.

 

 

Bibliografía:

 

 

 

Stiglitz, Joseph, El precio de la desigualdad, Bogotá, Taurus, 2012.

Mineducación, Informe estadístico de las universidades públicas, (sin fecha) Recuperado el 26 de septiembre de 2015. De http://www.mineducacion.gov.co/sistemasdeinformacion/1735/w3-article-220340.html

Revista Semana, Los carteles de la salud, 7 de mayo de 2011, recuperado el 26 de septiembre de 2015. De http://www.semana.com/nacion/articulo/los-carteles-salud/239427-3

Salud Colombia, Una extraña privatización, [página web], Bogotá, Félix León Martínez Martín, agosto de 2007, [27 de septiembre de 2015] disponible en http://www.saludcolombia.com/actual/salud78/editor78.htm

 

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Esta entrada fue publicada el marzo 7, 2016 por en Uncategorized.

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